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REFLEXIONES EN TORNO A LA BUENA MUERTE

30 de enero de 2015)

Coincido plenamente con la opinión de Eulalia Solé (La Vanguardia) cuando manifiesta que no está de acuerdo “con ningún ensañamiento con el enfermo para prolongarle la vida de modo artificial”.  En esto coincide también con el criterio que aplica la buena praxis médica y que recomienda el catecismo de la Iglesia Católica (pp. 2278-79).

También coincido en la recomendación de los Cuidados Paliativos como medida imprescindible para evitarle al paciente el sufrimiento físico, psicológico y espiritual, y lograr así la auténtica buena muerte que todos deseamos.

Únicamente difiero en aplicar el nombre de eutanasia pasiva a lo que en realidad es no interferir en el proceso de la enfermedad, que llevará naturalmente a la muerte.  No existe la eutanasia pasiva; o bien se busca intencionadamente la muerte, y esto es eutanasia, o bien se acompaña y alivia al paciente, con un equipo multidisciplinar que respeta el proceso final de su vida, y esto no es eutanasia.

¡Enhorabuena por insistir en los horrores que la eutanasia está provocando en algunos países! Ya se sabe que abrir la puerta a una medida para casos puntuales acaba desembocando en la generalización de la misma y conlleva al ejercicio del poder de unos seres humanos sobre otros, por motivos económicos o ideológicos.

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