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El Colegio de Médicos de Barcelona y el aborto

Ha aparecido en los medios de comunicación una declaración aprobada por la junta de gobierno del colegio de médicos de Barcelona, que cuestiona la idoneidad del anteproyecto de ley de protección del no nacido, por no dar respuesta a todos los casos de malformación fetal grave, y pidiendo un marco legal “poco intervencionista” y que ofrezca “seguridad jurídica”. Habría que recordar, que cuando se plantea el aborto como un derecho de la mujer, hay que tener en cuenta que existe otro ser humano, el nasciturus, que también tiene derecho a la vida, por tratarse de un individuo independiente de su madre, como todo médico sabe.
Por otro lado, defender una ampliación de la lista de malformaciones que justifican un aborto tampoco resulta propio de una profesión al servicio de la curación y alivio de las enfermedades. Proponer la eliminación de un ser humano por no cumplir unos requisitos mínimos de idoneidad supone una actitud eugenésica, y verdaderamente intervencionista, que dista mucho de lo que cualquier enfermo espera de su médico. Si hay que excluir a los que presenten malformación de algún tipo, ¿qué será de los pacientes que desarrollen algún tipo de enfermedad que conlleve una mayor o total dependencia, o de los que sufren las patologías inherentes a la vejez? ¿También serán susceptibles de ser eliminados? Quizás en un futuro no muy lejano veremos una emigración, por parte de los enfermos con mayor poder adquisitivo, a países con verdadera vocación de curar.
La exigencia de informes psiquiátricos que valoren que existe un riesgo real- no un coladero, como lo fue la anterior ley de supuestos de 1.985, con el que se justificaron el 90% de abortos realizados-, lejos de suponer una “psiquiatrización” y una “infantilización”, supone una ayuda y una protección para la mujer, puesto que le permite valorar con más elementos de juicio, tiempo y serenidad, los pros y contras de su decisión , una decisión de importantísima trascendencia para su vida y la de su hijo. La experiencia de más de 27 años ayudando a mujeres que viven su maternidad en situaciones difíciles, nos lleva afirmar cuán importante es ese período de reflexión, y cómo puede ayudar a la mujer un asesoramiento médico – que no moral- que le permita valorar el alcance de su decisión.
Entendemos que una ley de plazos, facilita mucho más la labor al médico y la clínica donde se practica el aborto, ya que, mientras respeten los límites establecidos, su responsabilidad queda a salvo. Sabemos también que la práctica de 112.390 abortos anuales (año 2012) convierten a este colectivo en un sujeto de peso ante la política y los medios de comunicación. Entendemos que para un cierto número de médicos también supone un negocio nada despreciable. Sin embargo, con la ley actualmente vigente se deja a la mujer embarazada sola ante su situación, y sin alternativas reales en forma de ayuda para continuar con su embarazo, y deja al embrión o feto –un ser humano igual de válido que su madre- completamente desprotegido.
Concluimos diciendo que esperábamos otra declaración de unos profesionales que escogieron un trabajo con vocación hacia los más débiles, los enfermos y discapacitados y que buscan la protección de una seguridad jurídica, olvidando que en la consulta de una embarazada se encuentran frente a dos pacientes y no pueden renunciar a cuidar de la salud de unos ellos.

(21/07/2014)

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